viernes, 23 de septiembre de 2022

Las partículas elementales

 



    Las partículas elementales, de Michel Houellebecq. Anagrama.  Traducción de Encarna Gómez Castejón.

 Sinopsis de la editorial:

Houellebecq pasó del total anonimato al centro de debate público cuando, en 1994, su novela Ampliación del campo de batalla se convirtió en uno de los libros más vendidos del año gracias, simplemente, a la boca a boca. Los no pocos enemigos que sembró entonces su humor sombrío, su implacable mal genio, esperaban en silencio su rápido declive. Houellebecq, una vez más, les sacó la lengua: Las partículas elementales fue el máximo fenómeno editorial francés de 1998, y la crítica se deshizo en elogios para este nuevo Aldous Huxley -el de Un mundo feliz- o para esta nueva versión de La montaña mágica de Thomas Mann, autores con los que fue comparado. La clave acaso hay que buscarla en uno de los poemas que Houellebecq publicó cuando aún no era nadie: «Toda sociedad tiene sus puntos débiles, sus llagas. Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte (...) Hablad de la muerte y del olvido (...) Sed abyectos: seréis verdaderos.»

En Las partículas elementales toma forma definitiva el ataque frontal contra los protagonistas del 68, muchos de los cuales dominan hoy, desde todos los poderes -político, económico, periodístico- el destino de Francia. La novela narra el improbable nudo que unirá los destinos de dos hermanastros: Michel, prestigioso investigador en biología, especie de monje científico que a los cuarenta años ha renunciado a su sexualidad y sólo pasea para ir hasta el supermercado; y Bruno, también cuarentón, profesor de literatura, obsesionado por el sexo, consumidor de pornografía, misógino, racista, un virtuoso del resentimiento. Encarnación consumada, en fin, de una sociedad en que la velocidad del placer no deja tiempo al nacimiento del deseo. Ambos han sido abandonados por una madre que prefirió una comunidad hippie en California a cualquier otro empeño.

 

    Me he aproximado a este libro por ser una lectura del club de lectura presencial al que estoy apuntada.

    No me ha gustado. No lo he entendido porque he visto la sinopsis y me dicen de que va, y ese resumen en mi lectura, a medias, porque no he podido con ella, no lo he. No he conseguido sacarle nada de provecho. Además, me fastidia no saber en qué orden va primero, si mi falta de entendimiento en leer este autor o que no me gusta su historia. No sé si el soltar ideas y no desarrollarlas dejando al lector una sensación molesta de obtener algo más es lo que busca. Me rondan descripciones como:

«Las niñas esperaban sentadas en medio de la cuesta, ya con los signos de una estúpida resignación femenina; la mayoría llevaban vestidos blancos. »

    O detalles de una frase que me dejan descolocada porque lo que parece un detalle bonito de que ella se fija en él, en su carpeta, en la primera frase una descripción bella sin malicia, pasa páginas más adelante a ser un objeto tapar un pajote en un espacio público viendo a una pasajera del mismo tren. Un cambio tan brusco que narración que se va desarrollando en toda la novela.

«ella se alegraba tanto de verle bajar del tren con la carpeta en la mano que se arrojaba literalmente en sus brazos.»

«Cuando se sentaba, ya se había sacado un pañuelo del bolsillo. Bastaba con abrir una carpeta y apoyársela en los muslos; en unos instantes ya estaba hecho»

    Los malos tratos de unos niños sobre otros, el maltrato animal, las primeras experiencias sexuales, la soledad, el aislamiento de los personajes, aunque interactúen me ha dejado defraudada, no sé qué esperaba de este autor.

    Esta novela ha sido premiada con Premio Literario Internacional IMPAC de Dublín en 2002. He estado mirando el resto de premiados otros años y que quitado uno o dos de mi lista de autores pendientes de leer, miedo me dan ya. 

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